Estancarse en el duelo

Cuando hablamos de “superación del duelo” nos referimos al proceso o tiempo de recuperación, aceptación y adaptación a una nueva situación por la pérdida de alguien importante para nosotros. Está claro que no todas las personas viven el duelo de la misma manera, cada cual tiene su propio ritmo en este proceso, pero sí todas tienen la capacidad de superarlo, aunque es cierto que es cada vez más frecuente ver en las consultas de los psicólogos gente que se ha estancado en alguna de sus etapas.

En otro de mis artículos os comentaba que son muchos los estudios que existen sobre la superación de una pérdida, aunque tal vez la propuesta más aceptada, estudiada y aplicada en psicología es la que realizó la Dra. E. Kubbler Ross, quien determinó las cinco etapas en el duelo: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. (ver más).  

Estas etapas no necesariamente han de darse de forma secuencial. En realidad el proceso de recuperación del duelo suele depender de diversos factores: las circunstancias de la muerte del difunto, la intensidad de la relación que tenían, si existían conflictos no resueltos, la madurez emocional, el entendimiento de la naturaleza del ser humano y la muerte, etc.

Cuando se sufre la pérdida de un ser querido, el dolor, la angustia, la rabia, la falta de comprensión de lo ocurrido y los sentimientos de injusticia y culpabilidad invaden la mente y la vida de la persona doliente. Pero ¿cuáles son los factores que dificultan el desarrollo del “buen duelo”?

Veamos dos situaciones muy comunes que interfieren en el desarrollo positivo del duelo y, por tanto, en su recuperación.

  • No lloramos para que nadie se sienta triste. El llanto es muy necesario para muchas personas que atraviesan el duelo. Con él se liberan emociones negativas como rabia, ira, frustración, impotencia y la misma tristeza. Incluso es recomendable compartir el llanto, ya que es una forma de acompañamiento del dolor, de compasión.
  • No hablamos del difunto ni de lo sucedido, la clásica situación de “aquí no ha pasado nada”. Eliminar al fallecido de nuestros recuerdos es otra forma de represión, que a la larga genera graves conflictos emocionales. Recordar al difunto, comentar anécdotas, ver fotografías, hablar de lo que le sucedió, de lo que le gustaba o lo que no le gustaba hacer es en realidad algo sano.

Todas las técnicas para “sacar fuera” el dolor son saludables y casi siempre necesarias.  Apoyarse en los seres queridos, tener un hombro cercano donde llorar, hablar con el doliente y escuchar sus opiniones y sentimientos con complicidad e, incluso, acompañarle en el llanto son algunas de las herramientas más útiles para aceptar la pérdida de un ser querido y entenderla con amor.

Si necesitas ayuda para aprender a llevar el dolor por la pérdida de un ser querido no dudes en contactar conmigo.

Juliana Burguburu – Psicóloga Online

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