Año nuevo, dieta nueva

El nuevo año ha llegado y con él, después de formular los recurrentes propósitos durante las fiestas, ya estamos listos para empezar con ilusión otro capítulo más de nuestras vidas… ¿o no?

Enero es una época perfecta para emprender cambios positivos en nuestro día a día, y una de las intenciones más comunes al inicio del año es adelgazar, haciendo dieta y ejercicio, claro. Pero, ¿por qué al llegar febrero muchos de nosotros ya hemos arrojado la toalla? ¿En qué hemos fallado?

Después de unas Navidades, donde las comilonas son las protagonistas absolutas de las fiestas, empezamos el año cargados de motivación para cambiar los malos hábitos alimenticios y acabar con el sedentarismo. Queremos pasar de repente a adoptar dietas milagrosas y practicar ejercicio extremo. De este modo, nos encontramos con uno de los primeros problemas: el extremismo.  Entender el cambio como “todo o nada”, sin un proceso previo de análisis y una planificación realista, puede ser desastroso.

A muchos os sonará el famoso “efecto rebote” de las dietas milagrosas en las que comiendo piña o sopa de apio durante siete días adelgazas 7 kilos. Lo que no cuentan estas malas dietas son las consecuencias negativas en nuestro cuerpo que acarrea tanta restricción, o lo contraproducente que es perder peso tan rápido: cuanto menos tardas en perder, menos tardas en ganar…

Entender una dieta como un conjunto de normas restrictivas de alimentación es otro notable error. El factor psicológico que aporta la prohibición de ciertos alimentos, como por ejemplo el chocolate ó las patatas fritas, puede generar gran frustración, al ser incompatible dicha limitación con nuestro vehemente impulso o deseo de consumirlos.

Generalmente, cuando la frustración no se resuelve y no cesa, creemos tener la libertad de romper dicha prohibición, pero, en realidad, no estamos haciendo otra cosa que ceder, rendirnos y esclavizarnos, finalmente. El más claro ejemplo de lo que comento es uno de los trastornos de alimentación más esclavizantes y frustrantes que existen: la bulimia. Por otro lado tenemos también a quienes consiguen frenar de una forma irreflexiva el impulso de comer; entonces la prohibición se vuelve obsesiva, y aparecen otros graves trastornos alimenticios como la anorexia y la vigorexia.

La prohibición mal entendida es uno de los problemas más comunes a la hora de plantearnos un cambio. En este caso hablamos de la alimentación, pero puede aplicarse a otros ámbitos de nuestra actividad diaria como el de dejar de fumar, hacer ejercicio o aprender un idioma.

No podemos olvidar que cada persona entiende la prohibición de distinta manera; por este motivo, considero fundamental que a la hora de plantearnos un cambio de hábito debemos responder estas tres preguntas:

– ¿Cómo estamos entendiendo la prohibición? Si te planteas una norma alimentaria restrictiva ante ciertos alimentos debes valorar si es justa, beneficiosa y si realmente quieres aceptarla. Para ello, es necesario un previo análisis de lo que conlleva aceptarla y ser razonable.

– ¿Cuál es su motivo? Saber el porqué aceptamos someternos a esta nueva norma es fundamental para nuestra convicción y, por tanto, libertad.

– ¿De dónde proviene dicha prohibición? Si es impuesta o autoimpuesta. Muchas veces si el medico te prohíbe comer grasas o alimentos pesados, la prohibición es más efectiva, pues valoramos la autoridad del médico; por contra, puede dejar de ser tan efectiva cuando somos nosotros quienes decidimos empezar a cuidarnos. Aprender a valorarte y respetar tus propias decisiones es un reto añadido.

Si estás planteándote hacer dieta o ya has empezado una y tienes miedo a volver a abandonar tu objetivo de adelgazar, tomate un momento para reflexionar sobre los cómos y porqués. Si necesitas ayuda para que por fin tu propósito se haga realidad, ponte en contacto conmigo y junto con la ayuda de un médico y/o un nutricionista elaboraremos el plan que mejor se adapte a ti.

Juliana Burguburu PalacioPsicóloga Online 

Un comentario en “Año nuevo, dieta nueva

  1. Pingback: La ciencia nos revela los secretos para vivir más años (y sanos) | Psicólogo Terapia

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