Meditación en terapia

En los últimos años, diversos estudios han confirmado los beneficios de la meditación en nuestra salud, tanto a nivel físico como intelectual. Tal vez por ello cada vez son más los que encuentran en ella una estupenda terapia para rebajar sus niveles de estrés o simplemente para evadirse de sus quehaceres diarios y disfrutar así de un estado de cuerpo y mente óptimos.

Photo by Photopin

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Es difícil definir el concepto de meditación; para algunos tiene connotaciones espirituales o religiosas, mientras que para otros es simplemente un ejercicio mental que acalla las voces fragorosas de la cabeza y aporta paz y silencio. Ahora bien, si apartamos las asociaciones trascendentales, podemos decir que la meditación es un ejercicio intelectual que potencia la mente.

Sus beneficios resultan ya incuestionables, y los apreciamos a dos, incluso tres niveles:

Beneficios a nivel físico:

  • Relajación física: ayuda a aliviar las tensiones físicas y malestares internos, como jaquecas, dolores articulares y musculares.
  • Reduce la presión sanguínea.
  • Disminuye el ritmo cardíaco.
  • Mejora oxigenación de los órganos y tejidos.
  • Alivio de problemas gastrointestinales relacionados con el estrés.
  • Reduce el insomnio.

Beneficios a nivel psicológico:

  • Aumenta la confianza.
  • Aumento de la autoestima.
  • Reduce ansiedad, estrés y depresión.
  • Propicia el pensamiento positivo.
  • Seguridad en la toma de decisiones.
  • Sentimiento de felicidad y paz interior.

Beneficios a nivel intelectual:

  • Mejora la memoria.
  • Potencia la creatividad.
  • Aumenta la concentración y la atención.

La meditación también puede usarse como método terapéutico. Por ejemplo, el estrés y la ansiedad se caracterizan por ser una perturbación de nuestro estado de ánimo normal, en donde el exceso de pensamientos negativos y la intensa preocupación por el futuro bloquean nuestra apreciación de la realidad presente, provocando un malestar incoherente. Por eso, con la meditación se pretende organizar esos pensamientos y controlar las emociones, para conseguir así un estado de mayor bienestar.

 

Para practicar la meditación necesitaremos un espacio tranquilo, con iluminación tenue, temperatura cálida y lo más silencioso posible, aunque también podremos hacer uso de una música relajante; así conseguiremos entrar en las dos fases generales de la meditación:

Por un lado tenemos la meditación física, en la que pretendemos desbloquear las tensiones somatizadas que interfieren en la esfera mental y emocional. Podemos sentarnos, o recostarnos, con la espalda recta, los brazos y piernas relajados y sin cruzar, controlando la respiración suavemente para disminuir la frecuencia cardiaca. Pueden cerrarse los ojos o visualizar un objeto (yo recomiendo una vela o una imagen de un paisaje bello).

Una vez conseguido un estado físicamente tranquilo, relajado y destensado, procederemos a profundizar en el estado emocional. En esta fase, se contempla el estado caótico de la mente y nos predisponemos a organizarlo, separando la parte destructiva de los pensamientos y analizando las emociones más profundas y posiblemente reprimidas. El objetivo es generar una actitud mental saludable, donde la aceptación, el amor propio y el poder de la intención (actitud) son las herramientas clave.

Con la práctica habitual de la meditación, conseguiremos disminuir el “ruido” de nuestra mente, potenciando una actitud más sana y relajada. Anímate y practica la meditación, sus beneficios son enormes.

Juliana Burguburu   –   Psicóloga

2 comentarios en “Meditación en terapia

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